Tras un año en pandemia, el mundo mira atrás y hacia delante | Impacto!

Tras un año en pandemia, el mundo mira atrás y hacia delante

Tras un año en pandemia, el mundo mira atrás y hacia delante

Con la pandemia llegaron tiempos difíciles en muchos lugares

Nadie ha salido indemne.

Pero se curó y ha vuelto a trabajar. Otros no han sido tan afortunados. En Estados Unidos, el país más golpeado por el virus en el mundo, 29 millones de personas han pasado la enfermedad y 527.000 han muerto.

Latoria Glenn-Carr y su esposa durante seis años, Tyeisha, fueron diagnosticadas en las urgencias de un hospital cerca de su casa en las afueras de Detroit A pesar de las quejas de Glenn-Carr, las enviaron a casa.

Tyeisha, de 43 años, murió en la cama al lado de su esposa tres días después.

“Me desperté un domingo, y no tenía pulso”, dijo Glenn-Carr.

Un mes más tarde, el COVID-19 se llevó también a su madre.

A veces, Glenn-Carr piensa que debió haber presionado al hospital para ingresar a Tyeisha, o llevarla a otro lugar. Está enojada con los políticos estadounidenses, especialmente con Trump, de quien cree que estaba más preocupado por la economía que por la vida de las personas.

“Si hubiese sido más empático con los problemas y se preocupara por la gente, en general, se lo habría tomado más en serio”, señaló. “Y por eso, 500.000 personas están muertas”.

Con la pandemia llegaron tiempos difíciles en muchos lugares. En Nepal, la cascada de aventureros extranjeros que llegaban para escalar el Everest se detuvo, un desastre para guías como Pasang Rinzee Sherpa.

Sherpa, que ha subido al Everest en dos ocasiones y desde hace 18 años ayuda a los alpinistas a escalar las cumbres más altas del Himalaya, solía ganar unos 8.000 dólares al año. En los últimos 12 meses no ha tenido ingresos.

Tuvo que rogarle a su casero en Katmandú que le perdonase el alquiler. Dejó de enviar dinero a sus padres. Subsiste con dos sencillas comidas al día.

Ha sido difícil. “Somos gente de montaña que estamos acostumbrados a caminar libremente por la naturaleza”, dijo Sherpa. “Pero durante meses, en la cuarentena, estuvimos obligados a estar confinados en un cuarto en la ciudad de Katmandú. Fue una tortura mental para nosotros”.

En Mozambique, uno de los países más pobres del mundo, el gobierno prometió ayudas por el equivalente a 20 dólares durante tres meses para aquellos que perdieran el trabajo.

“Eso nunca ocurrió”, dijo Alice Nharre, una trabajadora doméstica de 45 años. “Mi madre se inscribió, pero el dinero nunca llegó”.

El país ha recibido cerca de 700.000 dosis de una vacuna para sus 30 millones de habitantes, y no está claro cuándo estarán disponible para la población en general.

“Tal vez sea para los médicos y para la gente importante. Para nosotros, la gente de a pie, no lo sabemos”, apuntó encogiéndose de hombros.

Cuando Trump empezó a referirse al coronavirus como el “virus chino”, Joyce Kuo se tensó.

“Fue como ‘¡Allá vamos, prepárate!’”, dijo esta fabricante de muebles de 36 años de Greensboro, Carolina del Norte. Kuo nació en Estados Unidos, pero se le recordaba constantemente que otros sentían que no pertenece allí.

Durante una visita al dentista con sus hijos, recordó Kuo, una mujer blanca en la sala de espera acercó a su hija y dijo en voz alta: “Tienes que apartarte de ellos. Probablemente tengan ese virus”.

Mientras, Kuo y su esposo trabajaron para mantener abierto su negocio de muebles de exterior, y empezaron a utilizar materiales de tapicería para hacer mascarillas de tela. Además, comenzó a dar clase a sus hijos en casa, terminando su trabajo después de que se fuesen a dormir.

“Pienso que para cualquier padre con hijos, trabajar desde casa es casi una broma”, afirmó. “Haces lo que puedes”.

Darelyn Maldonado no ha pisado su escuela en Pawtucket, Rhode Island, en un año. Le encantaba ir a clase, pero ahora, en su segundo año de secundaria, tiene dificultades con las lecciones online. A eso hay que sumarle la frustración por tener que renunciar al sóftbol y a muchas otras cosas que le dan alegría.

“Ya no tengo muchos amigos”, aseguró Darelyn.

Hay una luz al final de su túnel. Los padres lucharon para la reapertura del centro, al que debe regresar el 16 de marzo.

A un año vista, el 11 de marzo de 2022, Darelyn se ve haciendo todas las cosas que echó de menos en este año pandémico interminable.

“Jugando al aire libre con amigos, jugando al softball con el perro”, contó. “Estar con la gente a que más quiero”. AP

 

COMENTARIOS