Los mexicanos que huyen de la violencia y que Trump quiere enviar a Guatemala | Impacto!

Los mexicanos que huyen de la violencia y que Trump quiere enviar a Guatemala

Los mexicanos que huyen de la violencia y que Trump quiere enviar a Guatemala

Migrantes

Tendrá que ser de espaldas, en el acceso de El Chaparral, una de las fronteras terrestres de Tijuana, Baja California, con Estados Unidos. Será con sus dos hijos de la mano, mochila en la espalda, en el momento en el que los encargados de la fila de solicitantes de asilo les llamen para cruzar al norte y comience su pelea para que la reconozcan como merecedora de protección.

La gente mala, la maña, querían que trabajase para ellos. Y si uno no acepta, le matan a los hijos”, explica, desde el albergue Misión Evangélica Roca de Salvación, en Tijuana. Ahí pasó los últimos seis meses, desde que el 30 de mayo decidiese hacer las maletas y escapar de Guerrero.

Querían que fuera una delincuente igual que ellos. Que cobrara cuota, que entrara a bares, gasolinerías y restaurantes, a checar. Si no obedeces, te agarran y te matan con toda tu familia”, dice.

Sabe bien de lo que habla. Su amiga Rosita, de 22 años, fue asesinada hace un mes. Llevaba tiempo recibiendo amenazas, pero no siguió los consejos de Lilian, que le suplicó para que le siguiese. Terminó tiroteada.

Lilian tiene miedo de que la maten. También teme por su familia, su padre, su madre, su hermana, que se quedaron en Guerrero. Por eso solo acepta una única foto. Una foto de espaldas justo antes de entrar en lo que considera territorio seguro.

Está muy feo Guerrero. Están matando a gente sin piedad, se llevan a niños… esta es la triste realidad que estamos viviendo. Por eso pedimos el asilo. Por mi situación, no puedo regresar”, dice.

Lilian es una mexicana a la que México no es capaz de garantizar que un día no llegarán tipos armados a matarla como hicieron con Rosita.

Entre enero y noviembre fueron asesinadas 31 mil 688 personas, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Por eso la mujer quiere pedir asilo en Estados Unidos. No quiere convertirse en otra víctima.

Como ella, cientos de mexicanos esperan en Tijuana su cita con las autoridades estadounidenses. Son de Guerrero, de Michoacán, de Veracruz. Huyen de la violencia y no quieren regresar a casa. México no lleva un registro de cuántos de sus ciudadanos solicitan asilo en Estados Unidos, según fuentes del INM. La organización Families Belong Together, que trabaja con migrantes y solicitantes de asilo, estima que en la lista hay unas 8 mil personas, y que de ellas la mitad son mexicanas.

La mayoría de ellos ni siquiera tendrá éxito. Según datos de la Universidad de Syracusa, en el ejercicio fiscal de 2018 únicamente 5 mil 379 recibieron una respuesta positiva. Se trata del 14,5% de los mexicanos que pidieron asilo. Es decir, que al menos ocho de cada diez mexicanos que recurrieron a Estados Unidos para pedir protección fueron rechazados.

Las autoridades norteamericanas quieren ahora ponerles las cosas cada vez más difíciles.

El Gobierno de Donald Trump negocia con Guatemala enviar allí a los solicitantes de asilo, incluidos los mexicanos. Así lo aseguró en Twitter subsecretario interino del Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés), Ken Cuccinelli. El funcionario incluyó esta opción dentro del diálogo abierto con el gobierno de Jimmy Morales para la implementación del Acuerdo de Cooperación de Asilo, que es como se llama el plan para convertir a Guatemala en un “tercer país seguro”. Por ahora, a cuentagotas, han llegado hondureños y salvadoreños, aunque ni siquiera se ha hecho público el documento firmado por las autoridades guatemaltecas.

Si este proyecto sale adelante se dará una paradoja: México, el país que ha acogido a 57 mil solicitantes de asilo en 2018, ejerciendo de facto como “tercer país seguro”, se verá afectado también por la política de Estados Unidos de obligar a esperar a las víctimas de la violencia en países igualmente violentos y expulsores de compatriotas.

Si este proyecto sale adelante, Lilian podría terminar en Guatemala: un país que no conoce, en el que no tiene red familiar y que ni siquiera tiene recursos para soportar la llegada de solicitantes de asilo. Según datos del Banco Mundial, seis de cada diez guatemaltecos son pobres.

Animal Político consultó a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y al Instituto Nacional de Migración (INM) sobre estos planes, pero declinaron hacer declaraciones.

El 25 de noviembre, a las 9 en punto de la mañana, tocó el turno de Lilian en el paso de El Chaparral. Atrás quedaban seis meses en los que no pudo trabajar ni sus hijos fueron escolarizados. Seis meses viviendo de la caridad del albergue evangélico que le dio refugio, sin ningún tipo de apoyo de su gobierno.

Cuando la mujer encargada de los turnos voceó su nombre con un megáfono, Lilian se puso nerviosa. Sabía que sería encerrada con sus hijos. Que estaría en ese lugar conocido como “la hielera”, las celdas en las que el servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) encierran a migrantes irregulares y solicitantes de asilo.

No te voy a negar que tengo miedo, claro que tengo miedo, pero esto lo hago por los niños”, dijo, justo antes de atravesar la barrera metálica y entrar en el paso fronterizo.

El día den el que Lilian entró a Estados Unidos, otro medio centenar de personas aguardaba en El Chaparral. En este pequeño espacio bajo un puente se concentran víctimas de cualquier tipo de grupo criminal, mexicano o extranjero.

Un tipo de Michoacán que se queja de la extorsión de 50 mil pesos que le exigieron hombres encapuchados y armados en nombre de la Familia Michoacana. Un empresario de Veracruz acompañado por toda su familia que maldice el día en el que un grupo del crimen organizado (no da nombres) le exigió el pago de renta para seguir vivo. Mirando más al sur, una mujer salvadoreña temerosa de que las pandillas, el Barrio 18 o la Mara Salvatrucha, pudiesen captar a alguno de sus seis hijos. Mucho más lejos, un camerunés explica que en su país hay una guerra entre la mayoría francófona y la minoría anglófona y que los jóvenes como él son objetivos del gobierno.

Familias enteras intentan escapsr de la violencia en territorio mexicano.

Cada mañana, decenas de personas se concentran desde las seis de la mañana confiando que llegue su turno. El sistema de la lista permite que no se agolpen todos los solicitantes en la frontera y no se genere el caos. Cada vez que llega una persona, se inscribe en este documento y recibe un número. En cada número van diez personas. Puede checarse por dónde va la lista en una página web. Mientras tanto, toca esperar. Quienes tienen recursos, pueden pagarse un hotel. Los que no, recurren a albergues o a la caridad.

Estamos en una situación difícil. Pero vengo a pedir asilo porque peligra mi vida y tengo una hija, mi esposa… Es difícil. Uno tiene una vida realizada, estás cumpliendo tus metas, tu casa, trabajo estable, una vida hecha. Y ocurre esto”. Ricardo tiene 35 años y viene de Acapulco, Guerrero. En su mochila, una carpeta con todas las razones que tiene para huir. La principal: la desaparición de su hermana Laura el pasado 23 de mayo. Salió de casa hacia el trabajo en un restaurante de Acapulco, pero nunca llegó. Al día siguiente encontraron su coche, pero no había rastro de ella.

Espero que al menos entreguen el cuerpo a mi mamá, por eso ella se queda”, explica Ricardo.

La historia de esta familia es trágicamente habitual. Malas compañías de la hermana, que trata de rehacer su vida hasta que un día la desaparecen. Su familia comienza a buscarla, hace ruido y recurre a la policía. Y entonces comienzan las amenazas en su contra.

Les enojó que empezásemos a denunciar la situación y nos dijeron que si seguíamos así nos iban a matar”, explica. “Han matado a familias completas”, dice, con miedo.

Cada mañana, decenas de Lilians o de Ricardos aguardan su turno en El Chaparral. La violencia no cesa así que no desaparecen las razones para huir. Abandonados por su gobierno, estos mexicanos enfrentan ahora el peligro de ser expulsados a un país que no conocen a 4 mil kilómetros de la frontera con Estados Unidos y sin recursos económicos. Otra vuelta de tuerca más en el proyecto de alejar a las víctimas de la protección.

Revista Animal Político

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