La leyenda del Sombrerón | Impacto!

La leyenda del Sombrerón

La leyenda del Sombrerón

Leyendas de Guatemala

La leyenda cuenta la historia de un ser de baja estatura que siempre viste de negro, lleva puesto encima un sobrero grande, mientras deambula por las calles de la Antigua Guatemala y toca una pequeña guitarra. Ocupa el tercer lugar en las leyendas más famosas del país.

El ocaso de la tarde empezaba a presenciarse en las calles empedradas de la Antigua capital de Santiago de los Caballeros, hoy conocida como la Antigua Guatemala.

En un antañon barrio de La Antigua Guatemala habitaba una niña muy bonita, de extenso y liso cabello negro y ojos negros y enormes. Según contaban los viejos del barrio, ella era una mengala tan divina y hermosa que todos los que pasaban junto a su balcón no podían evitar apreciar tales atributos.

Noche tras noche, llegaba él montado en su mula, a la cual, siempre dejaba amarrada a un poste, y se ponía a tocar en su guitarra una melodía hipnótica, que acompañaba de tristes versos entonados por su voz:

Eres palomita blanca,

como la flor de limón,

si no me das tu palabra

me moriré de pasión…”

De tan melodiosa que era la voz de este sujeto, que la niña se quedaba escuchándola sin poder dormir hasta el amanecer.

La bella joven, de tan enamorada que había quedado, dejó de comer y solo se la pasaba suspirando por los rincones de la casa, llena de tristeza. Su madre pensó que había enfermado y la llevó con el médico, quien solo le diagnosticó un mal de amores. No había medicina que pudiera curar esa terrible enfermedad.

Desesperada, su mamá la llevó a un convento, donde pensó que podría olvidar a aquel amor imposible y salvarse encomendando su alma a Dios.

En el interior del país se le conoce como Tzitzimite

Cuando el Sombrerón acudió la noche siguiente a cantarle a su amada, se llevó una gran impresión al ver que no estaba en su habitación. Y soltó un lamento desgarrador que, juran, se escuchó por todo el barrio…

Corazón de palo santo,

ramo de limón florido

¿por qué dejas en el olvido

a quién te ha querido tanto?”

Mientras tanto en el convento, la niña murió de tristeza al no escuchar más aquella canción que amaba.

Llenos de dolor, sus seres queridos prepararon el entierro. La vistieron de blanco y la colocaron en el ataúd. Estaban todos muy tristes, reunidos en la casa de la tortillera, cuando escucharon un llanto desgarrador: ¡era el Sombrerón que venía, arrasando sus mulas! Se detuvo junto al poste de la esquina y comenzó a cantar:

¡Ay ay aaau..!

mañana cuando te vayas

voy a salir al camino

para llenar su pañuelo

de lagrimas y suspiros…”

Nadie supo a qué hora se fue el Sombrerón. Su voz se fue alejando lentamente, hasta que se perdió en la noche oscura. Más tarde, la multitud se fue marchando en cortejo fúnebre por las calles hasta el sitio donde sería su sepultura.

Cuando amaneció, todos los vecinos de La Antigua Guatemala se quedaron mudos al salir de sus casas. El asfalto estaba lleno de diminutos cristales que resplandecían con la luz del sol. Eran las lágrimas del Sombrerón, que había llorado a mares por su amada.

Desde entonces, se dice que todas las muchachas bonitas se tienen que cuidar de él, pues caer en el hechizo de sus canciones podría terminar perdiéndolas de tristeza. Cada vez que se sospecha que alguna niña ha atraído al Sombrerón, lo mejor que se puede hacer es cortarle el cabello, pues a él solamente le gustan las chicas de pelo largo.

También se le puede dejar una botella de aguardiente en el portal de la casa, para pedirle que respete esa vivienda y se marche a tocar a otro lugar.

Si alguna vez te topas con él, ten mucho cuidado.

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