Las madres que les tienen miedo a sus hijos | Impacto!

Las madres que les tienen miedo a sus hijos

Las madres que les tienen miedo a sus hijos

Dora vivía en Colombia pero aceptó la invitación de una de sus hijas para ir a Inglaterra. Allí empezaron los abusos.

"Yo sé que no tengo hijas, tengo enemigas".

Mi hija y yo estábamos discutiendo en la calle. Cuando saqué el teléfono para ver la hora, ella pensó que iba a llamar a la policía y por eso me lo arrebató. Me empujó y me dio puños y patadas. Me moreteó las piernas. Me arañó los brazos y la cara. Todo eso en la calle“.

Sentada en la pequeña sala de su casa en Inglaterra, esta mujer de origen colombiano se agarra la cara con las dos manos cuando cuenta lo que pasó ese día.

Fui a la policía y me pidieron la dirección de dónde había ocurrido la agresión, pero no me la sabía“.

Después de dar unas indicaciones con ayuda de un intérprete, los agentes la fueron a buscar. Pero no la encontraron. “Me dijeron que la dirección que había dado era incorrecta, que no podían ubicarla“. “Después, dejé eso así. No seguí con la denuncia“.

Orden de alejamiento
No era la primera vez que Dora veía el lado oscuro de Marina, su hija mayor. Sabía que había sido violenta con una de sus parejas. “Mi hija es cruel”, asegura.

A una de sus hermanas (la hija que vive con Dora), Marina ya la había atacado físicamente. “Sus manos quedaron marcadas en el cuello de Pilar“, me cuenta.

En esa oportunidad, Pilar no quiso denunciarla porque su estatus migratorio era irregular y temía ir a la policía. De hecho, Marina las amenazaba con que iba a hacer que las deportaran.

La segunda vez, cuando su situación migratoria ya estaba legalizada, Pilar decidió denunciarla. Un juez le dictó una orden de alejamiento por seis meses. Marina no podía acercarse ni a su hermana ni a la casa de su madre.

Hubo un tiempo en el que Marina y su hija, Luz, vivían con Dora, pero la convivencia se tornó muy difícil. Por eso, la madre pasaba el menor tiempo posible en la casa o, al menos, procuraba evitar coincidir con su hija.

Sábado y domingo me la pasaba en la calle y me llevaba a mi nieta. Me iba huyendo“.

¿Cuándo le empezaste a tener miedo a tu hija?“, se le preguntó.

Un día que tuve una sensación muy rara, le dije a una señora a la que le alquilábamos un cuarto: ‘Por la forma en que Marina se comporta conmigo, siento que me puede llegar a atacar. Usted sabe cuán agresiva es. Si usted ve que me ataca, agarre el teléfono, marque 999 (número de emergencia en Reino Unido) y déjelo ahí, descolgado, para que oigan. Usted no tiene que decir nada’“.

Marina decidió irse de la casa con su hija. Tras la denuncia que interpuso Pilar contra su hermana, los servicios sociales se involucraron en el caso y, tras analizar la situación familiar, un juez dictaminó que Marina debía compartir la custodia de su hija con su madre.

Para Dora, esa niña es como una hija, pues -ante la ausencia del padre y la inestabilidad de Marina- prácticamente se encargó de su crianza.

Pero asegura que Marina no cumple con la orden judicial y que le tiene prohibido a su hija comunicarse y ver a su abuela.

Eso atormenta a Dora. Ella quisiera hacer valer sus derechos, pero le frena el miedo que tiene a su hija. Es un temor que le hace quedarse callada para “no empeorar aún más la situación“, dice.

Se para y camina hacia una mesa pequeña que está adornada con unas flores rosadas de plástico y varios portarretratos. Me trae uno de ellos y me dice con una sonrisa: “Aquí está mi niña“.

Es su nieta. Aparece sonriente abrazando a una Dora que luce distinta a la señora que habla con tristeza. En esa foto se ve feliz.

“El karma”
Marina no es la única hija que ha abusado de Dora. Cuenta que Pilar, la hija con la que vive en la actualidad, le lanzó dos veces una silla y que Sarah, la hija menor, también la ha agredido verbal y psicológicamente.

El papá era así. Ese carácter se lo sacaron a él. Mi hija mayor se siente orgullosa de ser violenta

Cuando se le pregunta a Dora por qué cree que sus hijas (todas adultas) la maltratan, se queda pensativa. Se le llenan los ojos de lágrimas, agarra un pañuelo y se disculpa.

Yo sé que no tengo hijas, tengo enemigas“, dice.

Vi un documental sobre el karma y decía que nosotros tenemos vidas recurrentes y karma por pagar ante la ley divina. Nos mandan enemigos de hijos para que pasemos la universidad de la vida. ¡Qué duro! Yo tengo karma con mis hijas. Yo me pongo a pensar y yo no les he hecho nada“.

Después apunta a otro factor que cree que es determinante: “Tienen que ser los genes“. “El papá era así. Ese carácter se lo sacaron a él. Mi hija mayor se siente orgullosa de ser violenta“.

“Usted es una descerebrada”
La situación no es nueva para Dora. A los 14 años, decidió abandonar su hogar porque su padre era muy violento. “Siempre lo dije: cuando yo tenga mis hijos, no les voy a dar como mi papá me dio a mí. ¿Pegarles, garrotearlas? No

Cuando tenía 17, conoció a un hombre que tenía casi 40 años. Se unió a él con 18 años y tuvo sus tres hijas. Después se enteraría de que su pareja estaba huyendo de la policía porque había cometido un crimen.

Con él también experimentó violencia física, verbal, económica y psicológica. “Usted es una descerebrada“, le decía.

Después de varios años, decidió abandonarlo y se fue con sus tres hijas que, en esa época, tenían menos de diez años.

En medio de circunstancias muy duras, las crió prácticamente sola. Cuando se hicieron adultas, dos de ellas se fueron de su lado para “hacer sus vidas“.

Le pregunto si recuerda que en la adolescencia fueran agresivas con ella y me responde que no. “Nunca fueron groseras. Eran niñas de bien“.

El inicio
Al preguntarle en qué momento comenzó a sufrir el abuso de sus hijas, me dice que fue a partir del momento en que se fue a vivir con su hija menor, quien se había establecido en Inglaterra.

Dora decidió abandonar Colombia con su hija Pilar para acompañar a Sarah. “Llegué y vi su hogar hecho un caos. Ella maltrataba a su compañero. ‘Lo tengo amansado a punta de cacerola’, me dijo un día“.

En una ocasión, por celos, porque ella decía que él andaba con otras, le llegó a cortar las venas cuando estaba dormido“.

Él no la denunció porque me decía: ‘¿Y las niñas con quién se van a quedar?’ Pero yo le decía: ‘Mijo: usted le hubiese hecho un bien porque ella se tiene que someter a un tratamiento, ella no está bien’“, recuerda.

Cuando Dora le dijo a Sarah que “no le veía nada malo al muchacho, que era un buen esposo, un buen padre“, su hija la acusó de estar en contra de ella, “y en ese momento empezó la cosa en mi contra“.

¿Usted sabe lo que es que me haya dicho que qué clase de madre era yo por ponerme del lado del yerno y no del suyo? Por eso, para ella, soy una mala mamá“.

De acuerdo con Dora, Sarah también era agresiva con su propia hija y la hija de su compañero, quien tiempo después decidió separarse de ella.

Más que tenerle miedo a Sarah, lo que siento es que no soy capaz de decirle que no”. “Cuando yo la veía violenta, me iba de la casa. No soportaba. Era pura furia. No había paz“.

Cualquier cosa que decía, era un problema. Decidí no hablar más, terminó acallándome“. Dora no aguantó y se fue a vivir a otro lugar.

Es que más que tenerle miedo a Sarah, lo que siento es que no soy capaz de decirle que no a lo que diga. Lejos y por teléfono sí soy capaz. De frente, no“, confiesa.

Como un día le dije a Marina: ‘Para que ustedes estén felices conmigo, les tengo que apoyar los errores’“.

Historia tomada del portal www.bbc.com

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