Estoy arrepentida de ser mamá | Impacto!

Estoy arrepentida de ser mamá

Estoy arrepentida de ser mamá

En el sistema cultural en el que estamos, se vende una visión idealizada de la maternidad como la cúspide de la realización femenina.

Especialista invita a replantear las políticas de reproducción y nuestras ideas sobre la obligación misma de ser mamás.

Si pudieras retroceder el tiempo, con lo que sabes hoy, ¿serías mamá?”. La respuesta que 23 mujeres, algunas de ellas abuelas con más de 70 años, le dieron a la socióloga israelí Orna Donath fue un rotundo ¡no!: “No habría creado ni siquiera un cuarto de ser humano. Lo más doloroso es que no puedo echar para atrás”, comentó una de las entrevistadas.

Estas honestas confesiones forman parte del libro Madres Arrepentidas, que expone cómo la maternidad es vivida por muchas, más de las que se cree, como una carga insoportable, en silencio y soledad. “Sienten que han perdido su libertad, que se trata de otra forma de esclavitud que les hurta la creatividad y que dejaron de ser lo que eran antes”, menciona la autora.

Sin embargo, las madres maquillan su dolor, pues se supone que deberían estar inundadas de gozo. Las que se han atrevido a reconocer su insatisfacción en foros de Internet, son juzgadas y tildadas de “egoístas, dementes, trastornadas e inmorales”, incluso, de monstruos que serían capaces de dañar a sus niños.

Por eso, Donath aclara que el común denominador entre quienes participaron en su estudio es que, sin excepción, manifestaron un amor inmenso por ellos, a pesar de que no disfrutan para nada su rol.

Como especialista en expectativas sociales que se proyectan sobre las mujeres, lo que más llamaba su atención era escuchar repetidamente la frase: “Si no tienes hijos, te vas a arrepentir”. ¿Y qué pasa si el arrepentimiento ocurre por todo lo contrario? Donath interpreta este sentimiento como una “señal de alarma que no solo debería instar a las sociedades a hacerles la vida más fácil a las madres, sino que nos invita a replantear las políticas de reproducción y nuestras ideas sobre la obligación misma de ser mamás”.

No se trata de pacientes con trastornos mentales ni depresión posparto. Tampoco de que tengan hijos especialmente problemáticos, o hayan atravesado circunstancias fuera de las normales a la hora de criar, ni de que se vean apremiadas por escasez de medios económicos. Lo subversivo en ellas es que no sienten que el cambio que atravesaron debido a la maternidad haya valido la pena.

No son de esas que dicen: “Esto es muy duro pero la sonrisa de mi hijo todo lo compensa”, pues están convencidas de que si bien hay aspectos positivos, no equilibran los negativos. “Aparte de las perpetuas dificultades y preocupaciones, no le ha aportado nada a mi vida”, revela uno de los relatos.

Es habitual que algunas mujeres sueñen con la maternidad hasta que tropiezan con ella. Otras consienten ser madres no por verdadera voluntad, sino en modo automático, “porque ya toca”, “es el siguiente paso”, “es lo normal”. Están las que se sienten presionadas por su pareja, y hasta las que tienen más de un hijo, porque han memorizado que uno solo “no se considera familia”.

Hombres y mujeres no son medidos de igual manera. Lo máximo que se les dice a aquellos individuos que no quieren ser papás es que son “inmaduros”, mientras ellas están bajo escrutinio tanto si son como si no son madres: la gran prioridad es ser “buena mamá”, pero también “buena esposa” y “buena profesional”, porque según las protagonistas del libro, quienes deciden dedicarse exclusivamente a la crianza también son condenadas y acusadas de no hacer nada útil con sus vidas.

“En el modelo de la culpa estamos condicionadas, atentas a la aprobación de si estamos haciendo lo correcto. A esto se suma el arquetipo del ‘salvador’, que está internalizado en el pensamiento femenino, de manera que somos nosotras las que debemos sacrificar nuestro ser, nuestros sueños en pro del otro”.

Y al tiempo que el texto de Donath ha sido llamado “el nuevo manifiesto feminista”, ella ha sumado detractores que, entre otras cosas, la cuestionan por su decisión de no tener hijos: “No escribo contra las millones de mujeres que quieren ser madres, ni contra la maternidad”, insiste. “Lo que espero es identificarla como una de tantas relaciones entre seres humanos”. Le interesa mostrar que hay muchas construcciones sociales que son impuestas como algo natural, cuando en realidad cada mujer tiene vivencias distintas. Hasta los ginecólogos preguntan directamente a sus pacientes: “¿Cuándo piensa tener hijos?”, en lugar de “¿piensa tenerlos?”. El suyo es un llamado a que las mujeres sean dueñas de sus “cuerpos, pensamientos, fantasías y deseos”.

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