¿El sexo con robots se cataloga como infidelidad? | Impacto!

¿El sexo con robots se cataloga como infidelidad?

¿El sexo con robots se cataloga como infidelidad?

Los robots sexuales están ampliando los límites de las relaciones de pareja y obligando a replantearse términos como relación sentimental, compromiso, monogamia, fidelidad.

El sexo con Robots es un tema que cada día se hace más real.

Que los seres humanos tengamos sexo con robots ya no es un tabú, ni un mito, es una realidad.

Los responsables de Abyss Creations, fabricantes de las hiperrealistas muñecas sexuales Real Doll, aseguran que su primera muñeca robótica y con inteligencia artificial –Harmony- está lista para salir al mercado. El año pasado, el experto en nanotecnología -Sergi Santos- presentó a –Samantha-, una muñeca dotada de un potente algoritmo y sensores que responde al tacto e interactúa con su propietario tanto en modo familiar –haciéndole compañía en el sofá, por ejemplo– como en modo sexual, logrando, según su diseñador, llegar al orgasmo.

Los robots sexuales están ampliando los límites de las relaciones de pareja y obligando a replantearse términos como relación sentimental, compromiso, monogamia, fidelidad… Y es que, algunos plantean que tener un amante robot cuenta como infidelidad. El 36% de las mujeres y el 29% de los hombres encuestados en Estados Unidos por la compañía YouGov así lo cree.

Si no está consensuado con la pareja, sí es infidelidad, porque hay engaño; pero dependerá de lo que cada sociedad o cada pareja admita como normativo o no, porque hoy ya hay quienes aceptan el poliamor”, opina Jordi Vallverdú, especialista en filosofía de la computación y bioética de la UAB.

Antonio Orbe, psicólogo y director del -Foro del Futuro Próximo-, equipara el sexo con robots a la masturbación viendo pornografía o a la prostitución. “Es un paso más en ese continuo, y considerarlo infidelidad o no depende de dónde pone cada persona el énfasis” de sus relaciones sexuales y afectivas.

Los diseñadores de Harmony, el sistema de inteligencia artificial de las Real Doll, explican en sus presentación que su objetivo es que el usuario pueda personalizar completamente su muñeca robótica en aspecto y personalidad para que se muestre más o menos tímida, sensual, divertida o comunicativa y pueda expresar amor y sentimientos, y así la persona tenga la ilusión de que la muñeca realmente le habla, tiene capacidad mental e incluso le ama.

Si se coge afecto al coche y a un perro, mayor será el lazo afectivo con algo con lo que se man¬tie¬nen relaciones sexuales continuadas”, coinciden Antonio Orbe y Jordi Vallverdú.

Este último vislumbra incluso la escena de personas que quieran casarse con su robot o nombrarle heredero, lo cual traerá no pocos problemas legales en función de la consideración jurídica y social que se conceda a los autómatas, algo que está en pleno debate en la Unión Europea, y no son los únicos quebraderos de cabeza legales que Vallverdú anticipa: “¿Qué pasa si alguien encarga un robot con la cara de un famoso? ¿Y podrás tener un robot sexual con el aspecto de tu vecina? En pornografía ya hemos visto el deepfake, el uso de la inteligencia artificial para suplantar identidades con los rostros de otras personas”, reflexiona.

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