¿A qué sabe la leche materna? | Impacto!

¿A qué sabe la leche materna?

¿A qué sabe la leche materna?

Una de las maravillas de este producto que fabrica el cuerpo femenino es que se transforma según la edad y las necesidades del bebé.

El sabor cambia según el paso de los meses.

La Organización Mundial de la Salud (ONU) recomienda la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé porque tiene los mejores componentes para asegurar su supervivencia, pero, también, porque la leche materna está viva y se transforma según la edad y las necesidades del bebé.

Por ejemplo, a medida que el niño crece no hay que incrementar la cantidad de tiempo que pasa en el pecho para asegurarse de que reciba los nutrientes que necesita: el contenido de grasa y energía en una onza de leche va creciendo con él. Cada gota es cada vez más alimenticia.

Si al bebé le da gripe, el número de leucocitos en la leche materna aumenta, y eso se nota incluso en la calidad de ese líquido blanco: se vuelve más espeso y parecido al calostro para que el niño reciba anticuerpos.

Aunque las investigaciones sobre este tema no son numerosas, hay importante evidencia científica que sugiere que el bebé le transfiere esta información a la mamá a través del contacto de su saliva con el pezón.

Estas transformaciones también llevan a que haya un cambio en el sabor.

Cuando el bebé cumple 6 o 7 semanas pasa por algo conocido como un brote de crecimiento: demanda más leche y su conducta en el pecho es curiosa. Se pone nervioso, tira del pezón mientras mama, llora, arquea la espalda, tensa las piernas… Este comportamiento suele causar mucha angustia en las mujeres, quienes con frecuencia empiezan a preguntarse si el niño está quedando con hambre y si se estarán secando.

El problema, en realidad, no radica en la cantidad de leche que produce la mamá sino en su sabor: en este momento se produce un cambio significativo en la composición del líquido y se vuelve más salado. A algunos niños les cuesta acostumbrarse.

Los estudios demuestran que la leche también es más salada en los primeros días de vida del bebé (cuando la mujer produce calostro) y cuando la mamá tiene mastitis, pero son etapas pasajeras y el bebé se adapta a ellas.

Según el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP), también se ha comprobado que el aroma de algunos alimentos que consumen las madres puede pasar a la leche y cambiar su olor y su sabor: “Esos cambios de sabor que experimenta la leche materna ayudan al bebé a familiarizarse con diversos sabores, lo que le permitirá aceptar más fácilmente la alimentación complementaria“.

Esto quiere decir que las mujeres deben tener una dieta especial si amamantan. “La mejor alimentación proviene de una dieta sana y variada, evitando aditivos y contaminantes. Solo en algunos casos, por enfermedad o problemas nutricionales, puede el médico aconsejar algunos suplementos“, afirmó la AEP en Bebés y más.

Vale la pena tener en cuenta, eso sí, que existe la posibilidad de que al niño no le gusten todos los sabores. Alimentos como el ajo, la col, los espárragos y la cebolla pueden producir un sabor amargo que podría hacer que el bebé rechace el pecho en un primer contacto con esa leche.

En este sentido, lo que se aconseja es dejarse guiar por el instinto y el sentido común: si el bebé hace muecas y definitivamente no quiere seguir en el pecho, vale la pena reducir el consumo del alimento que sospechamos que le molesta.

En cuanto a la leche extraída, suele tener un sabor más agrio y potente al paladar. Esto se debe a la lipasa, una enzima que se encarga de fragmentar la grasa de la leche para que el bebé la digiera mejor.

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